Loading...

lunes, noviembre 24

ENTRE LA MITOLOGIA POPULAR Y LA BAZOFIA MEDIATICA

El Malevo Ferreira ha procedido a apretar el gatillo sobre su patilla derecha.

MEZCLA RARA & MEDIO FASHION, ENTRE MARTIN FIERRO, RUGGIERITO & JOHN WAYNE

La duda a zanjar es si el viernes pasado, noviembre 21, cerca de las 18:30 para una parte del país, a las 17:00 para la otra donde está instalado el principal vocero de la clase dominante del NOA, el que supiera ser Comisario Mayor, Jefe de Investigaciones y de la brigada de Robos y Hurtos de la policía tucumana, cabeza individualizada públicamente de uno de los dos clanes delincuenciales en que estaba dividido el ex Jardín de la República, como son Los Alé y Los Gardelitos, a la par que exterminaba casi sistemáticamente a varios de los miembros del otro, Mario Oscar Ferreyra, (a) El Malevo, con el balazo con que voluntariamente se introdujo entre la patilla derecha y la oreja que acabó con su vida dio también cuenta de toda una época o en realidad le abrió las puertas de par en par a la impudicia total de la Espectacularidad en la Neoliberal Sociedad de Consumo, al llevarlo a cabo frente a una cámara de tevé cable de CrónicaTV que otra vez había aguardado pacientemente la primicia de momentos cúlmines del estrafalario personaje, incluso con una impávida y ultraprofesional movilera narrando el hecho segundo a segundo, con un "ya se suicida, ya se suicida", al mejor estilo de lo que simultáneamente estaban haciendo en otro rubro Gonzalo Bonadeo y Guillermo El Mago Capria con la segunda jornada de la final de la Copa Davis en Mar del Plata, uno de sus hijos mayores arriba, abajo el resto de su familia, la Gendarmería entrando intempestivamente después de tres horas de cerco para proceder por fin a su arresto, no se sabe si con o sin orden de allanamiento del juez pertinente, vecinos del suburbio Villa San Andrés de San Miguel del Tucumán.

La Argentina, en fin.

Y más precisamente Tucumán, los pagos de Don Antonio Bussi y el Palito.

A punto tal, para botón de muestra, que él que siempre se acusó nacido a fines de enero de 1945 y en la papeleta (vulgata: libreta de enrolamiento) figura oficialmente anotado a mediados de 1946, de alguna manera terminó como empezó en un país incierto, indocumentado, al garete, sin rumbo fijo y sin tener claro dónde está el blanco y dónde lo negro.

Cosas del campo, del atraso provinciano, si se quiere, o rémora de las zafras inhumanas y de don Robustiano Patrón Costas, alter ego de modelo político si los hubo para el general Juan Domingo Perón, y quizá también de otras cosas. Como la mescolanza axiológica que públicamente había confesado este personaje tan patéticamente llegando al fin de su propia vida como si fuera un acto proselitista, ya que tenía hasta un partidito político propio, a la sombra de la Unión Republicana de los Bussi. Para el Malevo, a nivel nacional figuraba indiscutiblemente a la cabeza Perón, en lo democrático (sic) John Fitzgerald Kennedy y en lo militar el Generalísimo Francisco Franco, caudillo de España por la gracia de Dios.

El cuño de la figura que ha dejado grabado en el imaginario popular tiene igualmente esta tripolaridad sólo que al revés de la Santísima Trinidad, acá no se sabe por dónde buscar algo que se parezca a la unicidad no ya de una sola santidad verdadera, sino por lo menos algo fijo a qué atenerse en medio de tanta versatilidad y contradicciones, como no sea a los no pocos compatriotas de diversa índole a los que dio de baja en forma tan implacable como a otros que también sometió a apremios ilegales, eufemismo que esconde a la simpleza aterradora de la palabra tortura.

El supuesto sorpresivo acto final tuvo lugar en un mangrullo de unos 9 mts. de alto, montado sobre una estructura tubular, donde estaban dos tanques de fibrocemente de 500 lts. cada uno que abastecían de agua la pequeña finca rural donde el ex policía bravo se recluyó esta vez para tratar de esquivar, atenuar o zafar de la orden judicial de ir definitivamente a prisión perpetua por la ejecución de un trío de delincuentes pertenecientes al clan rival de toda la vida y que él y un colega habrían pretendido vestir con el manido enfrentamiento entre las fuerzas del orden y los sin ley, cuando los hechos señalaron que había sido una ejecución sumaria, a lo perro, de las tantas de la provincia y el país que hemos sabido conseguir.

El bochorno, aparte del calor reinante en ese lugar lindero de la capital provinciana, a unos 15 kms. al oriente, duró varias horas y se desencadenó entre la clásica confusión argentina de si la Gendarmería ingresó al predio con o sin la respectiva orden de allanamiento del juez federal que había ordenado su arresto por violación flagrante de los derechos humanos, estuviese donde estuviese, cuando había estado en todo momento acantonado en ese lugar, dando reportajes por radio y al tradicional matutino La Gaceta, inveterado vocero de las clases dominantes azucareras y que desde las rebeliones de los '90 que lo llevaron a un primer plano, lo convirtió en personaje apetecible de sus crónicas y titulares de tapa y algún que otro amague de teorización sociológica de un fenómeno del que no sólo formaban parte sino que fogoneaban.

Una vez bajado el cuerpo con una soga que también de casualidad estaba en el lugar, chorreando sangre y masa encefálica por el buraco abierto y cargado a hombro por un civil hasta que los gendarmes lo llevaron a pulso, sin camilla, hasta una cammioneta y de allí a la posta sanitaria más cercana, donde llegó obviamente ya en la categoría de cadáver.

La toldilla roja que había atado para tratar de atajar la incremencia del sol se desarmó y quedó flameando de una de las barandas del mangrullo de manera totalmente improvisada, comenzó solitario a flamear una gran trapo rojo. Perras casualidades, justamente la insignia de la insurgencia armada que había combatido el confesado autor de la muerte de Juan Carlos Alsogaray, hijo del general Julio Alsogaray, combatiente guerrillero en el monte tucumano, allá por 1976, una primicia que en 1994 también casualmente el Malevo le dio a La Gaceta de Tucumán. Sin embargo, cuando el padre, ex militar retirado y superior jerárquico de Bussi al haber sido su comandante en jefe fueron a ver qué pasaba, la madre se puso a llorar al reconocer a su hijo en una foto con la cara desdibujada a bayanetazos:

-No llore, señora -la increpó el ex macho bravo de la tierra de la independencia a medias-. Si tuviera que llorar hijos, yo lo tendría que hacer todos los días porque a diario me matan uno.

El Malevo le contó a La Gaceta, en 1994, que tanto él como Alsogaray h. portaban sendos FALN automáticos y que el muchacho, de 29 años, se distrajo, gritó una consigna y en la espesura del monte lo detectó y fue allí donde dirigió la ráfaga mortal. ¿También estuvo a cargo de esa otra yapa?

La posición del que supiera ser canal y nene mimado de Héctor Ricardo García es incómoda desde donde se la mire. Lo único que le faltó al Malevo para preanunciar su fin fue llamar a licitación. Incluso en los restos del video podado, más que editado, que ha sobrevivido como una pieza sin par de la fidelidad y temeridad del periodismo argentino microelectrónico, está cantado en las últimas preguntas, donde el temido ex policía dice que si entran los gendarmes iban a tener que tirar y tener buena puntería, que no sabía si iba a salir muerto o en una de esas solamente mal herido, cuando justamente en ese momento estaban ingresando. Si eso iba a suceder en realidad, y no lo pactado, era tan o más suicida la postura del Malevo como la de esos aparentemente inconcientes con un micrófono y una cámara. Armas de guerra y a repitición, tirando ráfagas, lo menos hubieran acribillado a los tanques de agua y, de paso, algún que otro ser humano. En otros términos, el anunciado y demasiado anunciado fin para ser temido como más que probable, esto es, el enfrentamiento mano a mano, arma a arma, como en otras ocasiones, ya se sabía que nunca iba a ocurrir.

Despojado de su grado de alto oficial policial, el Malevo se tuvo que resignar a ser postreramente vestido con la camisa negra un tanto musoliniana, pantalones blancos, botas vaqueras de tacos altos con que trataba de disimular su baja estatura y el clásico Panamá para algunos, Stentson para otros, blanco, de alas laterales dobladas, listo para integrar cualquier elenco de extras en alguna producción hollywodiana con Alan Ladd a la cabeza, que conformaban un peculiar atuendo tan llamativo como para disimular la ya apuntada corta estatura y la total calvicie. Para colmo, contra la anunciado con la agudeza de Crónica en su edición del domingo, a toda página central, que se iba a llevar la tumba su sombrero, ocurrió que el especial vendaje a que fue sometido para evitar los derrames del cráneo destrozado, más el volumen de la vestimenta, al poner la tapa se iba a arrugar y prefirieron que fuera en la tapa del modesto féretro, junto a una bandera argentina. Allí también le pusieron un rebenque corto sobre su diestra, ya que los látigos de los que era fanático coleccionista, constituían otras de sus debilidades. Los conocedores del metié aseguran que cuando tuvo a su cargo los interrogatorios de delincuentes comunes como Jefe de Investigaciones justamente las flagelaciones eran su medio preferido para hacerlos cantar.

Ayer, domingo, mientras en Mar del Plata se empezaba a derrumbar el potlash montado para quedarnos los argentinos alguna vez con la Copa Davis, y en La Ciudadela el Boca de Riquelme boleteaba sin piedad a los locales, alcanzando la punta, el héroe para uso provinciano propio fue enterrado en su pago natal de Los Pereyra, en plena llanura zafrera, seguido por un séquito que para el diario local sumó en su momento pico unas 3 mil personas y que para el corresponsal de Clarín apenas si alcanzó a las 750. La emisión normal de Crónica TV en Buenos Aires se vio abruptamente interrumpida por una tanda publicitaria cuando anunció la trasmisión directa del entierro del Malevo en su tierra natal. La aparente interdicción fue levantada también sin aviso alguno y todo prosiguió como era entonces, sin que surgiera información alguna al respecto. Entretando, el Google da cuenta, cuando se rastrea el tema, que un sitio ha sido levantado y YouYube, de los mismos propietarios, ha taponado malamente los videos más objetados, repitiendo hasta el cansancio el de la movilera justificándose ante los avatares de una profesión altamente estresante y con sobresaltos.
Ahora bien; sean cuantos hayan sido los presentes que dieron rienda suelta a sus sentimientos en el último adiós lo hicieron a toda voz y euforia, en el más puro sentimiento barrabrava, como si estuvieran en el estadio bautizado La Ciudadela, quizá porque uno de los Alé, gerenciador actual del San Martín que está en primera y dueño de una flotilla de tres (3) mil remises, corearon al mediodía, soportando un calor rajante que hacía que las largartijas tuvieran que cruzar el asfalto con ojotas:
Olé, olé, olé;
Mario, Mario...
Otro de los Alé ya se había hecho presente en el velatorio de su modesta finca de Villa Andrés, no así ninguno de Los Gardelitos, porque justamente del aniquilamiento de tres de ellos trataba la causa por la que lo habían ido a buscar y, ahora sí, parecía que por fin, sin los Domingo Bussi que lo indultaran, lo iba esperar una cadena perpetua sin calabozos VIP como en la anterior oportunidad. Todo a ritmo bien provinciano, lentón, siestero y con no mucho entusiasmo a la vista.
Volviendo a resumir con el interrogante: ¿el Malevo Ferreyra se llevó con su vida el fin de una época o le abrió paso a otra, totalmente espectacularizada, sin más principios que los apetitos, los cantos tribuneros y estos últimos aplausos que se han vuelto costumbre para despedir a los finados y que algunos creen escuchar que en el país se está ovacionando abiertamente a La Parca como la gran estrella?
Olé, olé, olé:
Mario, Mario...
Con un clic en el subrayado va a tener acceso a la edición online del conservador matutino tucumano donde está el video con los últimos tres minutos del personaje que se creyó un mito viviente, quiso serlo y ahora así quieren instalarlo, cueste lo que cueste.
A pesar de la prohibición inicial del COMFER, el domingo 30, a las 23:00 CrónicaTV volvió a emitir sin cortes ni interferencias toda la secuencia completa, desde la llegada de los reporteros, la intercepción de los gendarmes, la trepada a la torre y la última conversión con el Malevo, así como en un magnívico y claro plano general, cómo se perfora la cabeza con el revólver calibre 45 que guardaba en la bota. En la misma emisión, en bloque aparte, se le dio lugar a la abogada que había sido designada como mediadora. La profesional dio cuenta que el abogado del Malevo, a pesar que éste dice en la entrevista exclusiva y postrera no tener asesor letrado, consiguió un consentimiento del que estaba apostado en las alturas para mediar. La abogada aclaró que le fue a comunicar la buena nueva al comandante de Gendarmería del operativo, solicitándole que esperara los resultados de su gestión, ya que tenía orden del juez para actuar de manera efectiva entre las 14:00 y las 20:00 (sic), y que cuando se encaminaba para encaminarse al mangrullo vio que ingresaban gendarmes armados, que gritó pidiéndoles que se detuvieran y que en ese momento se escuchó el disparo proveniente del arma con que el ex comisario se quitó la vida.
A partir de estos acontecimientos el tema del suicidio, responsables, actuación de las autoridades y demás desapareció como por arte de magia de todo tipo de medios masivos de comunicación, empezando por los tucumanos. A la amenaza mítica del Malevo Ferreyra parecía alcanzarle un vulgar fin y olvido de los comunes.