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viernes, septiembre 1

NAZISMO & ROYALTIES

LA COLECTIVIDAD YA ESTA DESMADRADA

El actual presidente de la DAIA, Julio Toker, expresó ayer por cuanto medio de comunicación le pusieron a su entera disposición, la preocupación reinante en la colectividad porque "en segundos afloran todos los sentimientos antisemitas que tienen gran parte de nuestros ciudadanos que disfrazados de antiisraelismo se manifiestan en contra de la comunidad judía." Acá hay que parar un poco la pelota. Primero que nada, no exclusivamente por culpa y responsabilidad de la colectividad judía, pero los atentados a la embajada de Israel y la DAMIA no están nada claros no solamente en cuestión de autorías sino en todas las implicancias políticas que tienen hechos de esta envergadura. Segundo, que la barbarie del holocausto, con toda la prensa, bibliografía, cinematografía y tevé que tuvo y sigue teniendo, no por eso es el hecho más atroz que se haya cometido contra la condición humana a lo largo de la historia que se lleva registrada. El ciudadano argentino de origen judío Julio Toker, si los orígenes no le obnubilan en qué lugar del mundo está viviendo con su familia y millones de compatriotas del más diverso pelaje, no tiene que hacer mucha memoria para tener presente a Hiroshima y Nagasaki, masacres que estuvieron a cargo de los socios y muy buenos amigos del estado de Israel que fueron, son y serán los Estados Unidos. También le podría agregar como yapa Vietnam y el bloqueo criminal a Cuba desde hace casi medio siglo, que entre otras cosas aumenta la morbilidad de los enfermos en terapia intensiva en un 26% por no hacerse a tiempo y no tener los fondos necesarios para pagar insumos a veces con recargos de hasta el 300% al tener que triangular por países varios, entre los cuales no está Israel.

En lo que hace al país en que le ha tocado nacer y donde desarolla sus actividades la institución que preside contó con la crueldad devastadora de Julio Argentino Roca y la manera cómo se inauguró la flota aérea del Ejército, probando puntería y eficacia devastadora en el Impenetrable contra los tobas. Posiblemente se deba a nuestra ignorancia, con la cual desde ya se pueden hacer varias bibliotecas nacionales, pero no se conocen pronunciamiento tan encendidos, ni siquiera apagados, de la colectividad judía en la Argentina sobre el particular.

La arrogancia, la tosudez, la contumacia y algo más que se quiere parecer a otra cosa por parte de voceros de la colectividad con motivo de las atrocidades cometidas en la última invasión al Líbano son tan peligrosas como inconducentes. Es más: el tufo a inocencia todo trance, a víctimas pobrecitas perpetuas que no hacen nada, salvo defenderse, los está llevando a posiciones extremas que no ayudan en nada a la convivencia, al entendimiento y otros esfuerzos por superar conflictos históricos y de muy difícil solución en el lugar de los hechos.

En el lugar de los hechos, repetimos, no aquí, que es la Argentina, y tenemos otros desboles que nos aquejan, más asesinatos, violación de los derechos humanos y demás. No se trata de andar sacando cuentas de gallegos almaceneros con las vidas humanas pero la DAIA no puede mirar para otro lado en Malvinas. Que se dé una vuelta por Plaza San Martín y lea la lista de caídos. Que contabilice con sinceridad la cantidad de chicos de origen judío entre las víctimas que quedaron para siempre en las islas. Que revise los documentos testimoniales y reconozca al sumo cuidado, no justamente por respeto por el judaísmo y su tradición cultural, de los militares asesinos y no mandar colimbas de ese palo a la primer línea de batalla y abrir otro frente irritante a agregar a los que ya tenían.


Es lógico que a los Toker & Co. les cueste aceptar cómo, por fin, la vaca se les volvió toro. Y no sólo en la Argentina. Nadie ha hecho más, con tan enjundia y entusiasmo, para enchastrar su historia y su tradición que las actuales autoridades del Estado de Israel con esta matanza infame. Que no es la primera, por lo demás. Pero el mundo civilizado en pleno se les fue encima sin importarle un pomo que al estilo de la DAIA y otros que ahora salen a hablar con tanta gratuidad agraviante del antisemitismo sentimental y fácil que tenemos a flor de piel los que rechazamos de plano el despachurre de seres humanos indefensos, haciendo uso y abuso de la superiodad militar, por más que del otro lado pretendidamente argumentan que tenebrosos terroristas se escudan entre las faldas de las mujeres y los juguetes de los niños.

La civilización y el humanismo tienen que pagar un precio. Esos argumentos se parecen de manera asquerosa a los usados por la milicada del Proceso, educada prolijamente en EE.UU., incondicional aliado y abastecedor de Israel.
Es grosero que la emprendan contra los muchachos de izquierda de Filosofía y Letras por una leyenda con tiza escrita atrás de una puerta, indudablemente tan antisemita como barata, pero cuya autoría, con un sospechoso destino de cámaras de tevé y fotográficas, se trampeó como primer plano para ocultar la alfombra de carteles firmados a la luz del sol por agrupaciones que podrán estar equivocadas en lo político, no sólo en el tema Medio Oriente, sino en el interno, lo argentino, que es mucho más importante, pero que expresan claramente sentimientos puros e ideas claras.

La DAIA no dice nada de los displays de instituciones privadas, por ejemplo en la estación Angel Gallardo del subte B, donde una hasta ahora inédita publicidad llama a estudiar el Talmud, el idioma hebreo, liderazgo social y el ¡orgullo de ser judío! ¿Los trabajos prácticos los van a hacer en el Festival de Cosquín o en el de Doma de Jesús María? No se ve en el Margarita Xirgu que se llame a estudiar el orgullo de ser catalán, en el Betanzos el de ser gallegos o en el Unione e Benevolenza el de ser italiano. Conservar las tradiciones, mantener el entretejido social es una cosa, pera la EXALTACION DE UN DOBLE NACIONALIDAD que en realidad no es tal, sino que es una sola con permiso de residencia permanente o nacionalización posterior de otra es muy diferente. Sobre el particular, tan hipesensibles como son a las manifestaciones racistas, la DAIA tendría que dar cursos de los conflictos machos que tuvo Sarmiento al respecto, particularmente con los xeneizes de la Boca, a los que faltó poco para que los corriera a patadas en el tugets, cuando de manera insoltente se le plantaron y exigieron que el Estado argentino les financiara escuelas gratuitas en genovés. Y eran masones. Y Sarmiento era masón. Y les contestó con todas las letras los argumentos que él consideraba valederos, sobre todo en un país en plena constitución, para afirmarse con una nacionalidad y construir una cultura propia cada vez más sólida.

No se le puede negar a la DAIA la existencia en Argentina de grupúsculos antisemitas. Pero sobre todo a niveles altos, de poder, donde se mueven ellos y buena parte de la colectividad judía. Porque el racismo aberrante en este país es de consumo interno, es el de los carapálidas, como alguna vez los calificara el entonces presidente Raúl Alfonsín, contra los que Alfredo Zitarrosa llamaba color Latinoamérica. Ese es el verdadero racismo imperante desde siempre y la DAIA, salvo algún que otro buche formal, no se ha pronunciado ni actuado con la responsabilidad de ciudadanos argentinos de origen judío que les corresponde.


Por último, con ese aberrante democraticismo que tiene la sangre derramada, no hay víctimas exclusivamente judías ni victimarios exclusivamente sionistas. No pueden andar tirando bombas de humo y haciendo una costosa campaña internacional para lo que ya ha quedado escrito en la historia para siempre como lo que ha sido. Y la DAIA tendría que tener presente todos los días que cuando fue el horror nazi, mientras en la Plaza de San Pedro estaban más interesados por el moquillo de las palomas que por los campos de concentración y bendecían a las tropas de Il Duce, lo mejor, la vanguardia de Occidente se alineó junto a las víctimas sin preguntarles y sin importarles de qué origen eran. Ahora, aunque les duela muy duro, van a tener que reflexionar acerca de por qué esa misma inteligentzia, que siempre ha respetado, admirado y entronizado a los intelectuales y pensadores de origen judío, como Freud, Marx y tantos otros, hoy se han vuelto en contra no por razones racistas sino justamente por el furor puesto en práctica bajo la creencia legitimadora de que si alguna vez se fue víctima del horror se adquiere patente de impunidad para ejercerlo en cualquier circunstancia.

No, señor Troler, más preocupación por los millones de compatriotas nuestros, sumergidos en el hambre, descastados para siempre de la eduación y salud públicas como de un trabajo digno, y menos por la de una muchachada fragmentada en distintos idearios socialistas que todavía creen en la utopía de una humanidad cada día con menos distingos, más fraternal, solidaria y respetuosa. [AR]