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sábado, junio 9

HARVARD, ¿VOS TAMBIEN?


110 MIL MILLONES DE MATERIAS APROBADAS

La célebre e impoluta Harvard University, de donde se fue dando un portazo en 1977 a cosechar unas monedas con la flamante Microsoft, lo graduó con todos los honores y sin haber dado una materia más a William Henry Gates IIIº, más conocido por el más familiar y democrático Bill Gates, un pole position de la revista Forbes en la tabla de posiciones de los hombres más ricos del mundo.

Al recibir tan inaudito halago, inédito hasta ahora, salvo en los países sudacadas para ser fiscal o diputado, Bill no quiso ser menos e instó a sus ahora pares graduados y futuros obtenedores de semejante título, pelándose los ojos, a luchar contra la pobreza y la injusticia social en el mundo, dos flagelos contra los que él siempre estuvo vacunado porque el abuelito Gates Iº, fundador del National Bank, le regaló un palito verde a cuenta de la herencia total cuando cumplió 18 años y despuntara el vicio de comprar autos sport y ponerles la pata contra el piso en las highway.

Lo que había sucedido y hasta la historia vigente tergiversa, en pos de las páginas de publicidad, es que en 1975 Leslie Solomon, The Uncle Sun para los muchachos, editor del mensuario Popular Electronic, y Edi Roberts, un electrónico sin título habilitante, fabricante de sumadoras para los alumnos al que la concentración capitalista acelerada que había comenzado lo fundió porque la Texas Instrument decidió dejar de vender los microprocesadores y fabricarlas ellos, se les dio por inventar la primera computadora personal, la Altair 8800, y con el cerebro de Paul Allen como mentor, el fino olfato de Bill entrevió el negocio, fundó Microsoft al mes, en febrero de 1975, y refritaron el B.A.S.I.C. que diez años antes habían inventado un par de profesores secundarios de Kentucky, para ponerle un sistema operativo lo que la muchachada empezaba a comprar a pasto por unos módicos 397 dólares y ellos le ofrecían una copia para que pudieran hacer algo a 400 de la misma moneda cada una.

Empezó a no tener tiempo para perder en Harvard cuando en 1978 había 200 diferentes modelos de PCs y otros tantos sistemas operativos y a la entonces monstruosa y monopólica IBM se le dio por largar el Operativo Capricornio en secreto para quedarse con uno de los más fabulosos negocios del mundo y como el inventor del primer sistema operativo, el CPM, Bill Killdare, se negó a ser de la partida porque estaba cómodo en la NASA y los emisarios del Big Blue fueron a hablar con los emprendedores muchachitos de la MS, como ya le decían entonces, y éstos, con Bill a la cabeza ni vacilaron, le compraron a Kildare el código fuente del CPM en 30 mil dólares y refritaron el MS-Disk Operating System, enseguida en 1980 el MS-DOS y después directamente el DOS por excelencia.

Aunque para inaugurar una tradición desde el inicio las tres primeras versiones fueron tan batatas que a las IBM había que empujarlas a mano para que anduvieran, el bueno de Bill empezó a cosechar menega en containers. En 1986 rompió su matrimonio con IBM y se largó tras su gran aventura y sueño: tratar de hacer algo parecido al insuperable sistema de la Apple, pergeñado por dos genios como los Steve, tanto Wozniak como Jobs. Nunca lo ha logrado, pero desde entonces sigue insistiendo con los Windows porque lo que es en cuanto a ganancias...

Cualquier cosa edita los packs, paquetes con los errores, parches, y seguimos andando. Los usuarios son sujetos muy especiales y ahora Bill, encima, está graduado.